
Qué salto a las estrellas será tarde
de una esperanza raquítica y cobarde.
Qué mundo submarino no será nuestro
porque un vigor no vino.
Qué misterio vital del universo
quedará oscuro, esperando su verso.
En fin: qué maravilla la indiferencia pondrá de pesadilla.
¿Qué dejarás, qué dejaré, qué dejaremos hoy de hacer?
Pudiera ser que de un tal vez nunca volviera a amanecer.
Hoy la pregunta.
Luego el viento la hace un gesto,
la hace un rol.
Por un fuego que no des a tiempo
puede no salir el sol.
Silvio Rodríguez - Canción contra la indecisión
de una esperanza raquítica y cobarde.
Qué mundo submarino no será nuestro
porque un vigor no vino.
Qué misterio vital del universo
quedará oscuro, esperando su verso.
En fin: qué maravilla la indiferencia pondrá de pesadilla.
¿Qué dejarás, qué dejaré, qué dejaremos hoy de hacer?
Pudiera ser que de un tal vez nunca volviera a amanecer.
Hoy la pregunta.
Luego el viento la hace un gesto,
la hace un rol.
Por un fuego que no des a tiempo
puede no salir el sol.
Silvio Rodríguez - Canción contra la indecisión
Aún tengo en la retina ese concierto de Inti Illimani en Arica, frente al glorioso Morro. Recuerdo ver banderas flamear junto a parejas con ojos llorosos, celebrando el día feliz que al fin llegó.
Algunas de estas cosas hicieron que destierre el odio hacía Chile, adquirido de niño: la trovas de Víctor Jara y Violeta Parra, el legado de Allende, los poemas de Neruda a Macchu Picchu, los mártires peruanos, chilenos y Bolivianos de Santa María de Iquique, la inmolación de Miguel Enríquez.
Enríquez, líder del MIR a despecho de sus treinta, no tuvo miedo a la muerte que acechaba, en los días posteriores al infausto septiembre del 73, cuando un fascista llamado Pinochet acabó a sangre y fuego un sueño ganado en las urnas, como dicta el viejo manual made in escuela de las Américas.
Mucha agua ha corrido bajo el puente del Bío Bío: hoy Chile vive casi dos décadas de democracia, sus índices económicos son alentadores. Pero ahora se encuentra en una encrucijada: elegir entre un ex-presidente que quiere repetir el plato, un multimillonario que ahora quiere ostentar el poder político sin caretas, un viejo comunista sabio, y un joven de treinta y seis años llamado Marco Enríquez-Ominami.
El mensaje de Marco ha calado hondo en el país sureño: lenguaje moderno, ideas claras, visión integradora ha sido común en los discursos de Enríquez-Ominami, haciendo tambalear al status quo Concertación-Derecha, que incluso veía factible la posibilidad que un heredero de Pinochet durmiera en La Moneda, bajo un colchón de miles de millones de plusvalía.
Marco es hijo de aquél legendario Miguel, tenía apenas unos meses cuando su padre cayó en combate ante las huestes fascistas. Tomando ese legado, decide cantar contra la indecisión , mirando hacía el futuro, dando ese fuego de la juventud a tiempo.
Desde el norte lo miro con atención y admiración, espero que gane: el representa a esa futura Latinoamérica unida, donde fronteras, espías, armamentismo sean reemplazados rotundamente por la UNIDAD; que migrantes, ilegales, extranjeros den paso a la palabra HERMANO.
Ver también
Spots de Marco en Youtube
Algunas de estas cosas hicieron que destierre el odio hacía Chile, adquirido de niño: la trovas de Víctor Jara y Violeta Parra, el legado de Allende, los poemas de Neruda a Macchu Picchu, los mártires peruanos, chilenos y Bolivianos de Santa María de Iquique, la inmolación de Miguel Enríquez.
Enríquez, líder del MIR a despecho de sus treinta, no tuvo miedo a la muerte que acechaba, en los días posteriores al infausto septiembre del 73, cuando un fascista llamado Pinochet acabó a sangre y fuego un sueño ganado en las urnas, como dicta el viejo manual made in escuela de las Américas.
Mucha agua ha corrido bajo el puente del Bío Bío: hoy Chile vive casi dos décadas de democracia, sus índices económicos son alentadores. Pero ahora se encuentra en una encrucijada: elegir entre un ex-presidente que quiere repetir el plato, un multimillonario que ahora quiere ostentar el poder político sin caretas, un viejo comunista sabio, y un joven de treinta y seis años llamado Marco Enríquez-Ominami.
El mensaje de Marco ha calado hondo en el país sureño: lenguaje moderno, ideas claras, visión integradora ha sido común en los discursos de Enríquez-Ominami, haciendo tambalear al status quo Concertación-Derecha, que incluso veía factible la posibilidad que un heredero de Pinochet durmiera en La Moneda, bajo un colchón de miles de millones de plusvalía.
Marco es hijo de aquél legendario Miguel, tenía apenas unos meses cuando su padre cayó en combate ante las huestes fascistas. Tomando ese legado, decide cantar contra la indecisión , mirando hacía el futuro, dando ese fuego de la juventud a tiempo.
Desde el norte lo miro con atención y admiración, espero que gane: el representa a esa futura Latinoamérica unida, donde fronteras, espías, armamentismo sean reemplazados rotundamente por la UNIDAD; que migrantes, ilegales, extranjeros den paso a la palabra HERMANO.
Ver también
Spots de Marco en Youtube







