Una vieja trova de Noel Nicola nombra a este breve espacio, donde conviven poesía, relatos, ensayos y panfletos, con canciones urgentes, insurgentes y contundentes.
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5.7.09

Que acabe la caridad y que empieze la justicia


Que vengan o que no vengan
al pueblo nadie lo asfixia
que acabe la caridad
y que empieze la justicia.


Cuando hacen fuego me dicen
que están contra la violencia
me dicen cuando dan muerte
que sientan jurisprudencia.

mejor se ponen sombrero
que el aire viene de gloria
si no los despeina el viento
los va a despeinar la historia.

Cielito cielo que sí
cielo del sesenta y nueve
con el arriba nervioso
y el abajo que se mueve.


Mario Benedetti - Cielo del 69

Siguen muriendo niños de frío, por decenas, en las heladas tierras del sur andino. La mayoría de víctimas tienen al quechua como lengua materna, y la pobreza extrema como código genético.

Mientras el virus AH1N1 se acerca a las zonas marginales de la ciudad gris, y cobra sus primeras víctimas, terriblemente lejos de los felices privilegios de casitas de barrio alto.

Como decía Vallejo, jamás fue la salud más mortal, señor Ministro de salud. Así el Presidente siga coleccionando discursos tan optimistas como falaces, la realidad lo contradice con el estruendo de un rayo.

En Lima y otras urbes peruanas, juntan frazadas, organizan colectas y celebran fiestas en nombre de una solidaridad bien intencionada. Pero con caridad no se logra justicia, solo es un bálsamo que alivia la conciencia de los que ayudan y las madrugadas de niños con desnutrición crónica.

Cada cierto tiempo, los que viven en la espalda del mundo, invisibles ante la historia oficial de prensa amarilla, cansados de tanto cajón, tanta sed de sed, tanta expropiación, tanto tajo minero, tanto río contaminado, hacen escuchar su voz con violencia contenida. Y el estado los reprimirá a sangre y fuego, llamándolos invasores, abigeos, asesinos, salvajes, utópicos arcaicos.

Juan G. Rose, en un sentido verso simple y exacto, escribía que es mejor dar ideas que un beso, hablar de justicia en vez de caridad, así nos castigue el Dios de los poderosos, el que todo lo compra, todo lo vende.

Ojalá que el viento de la historia no los soprenda bailando.


Los Olimareños - Cielo del 69

1.7.09

Si tuviera una canción



Ahora tengo un martillo
y tengo una campana
y tengo una canción que cantar
por todo el país.
Martillo de justicia
campana de libertad
y una canción de paz.
El martillo - Hays/Seeger/Jara)




La democracia ha caído en Honduras.

Los prolongadores del pasado se confabularon para deponer, capturar y deportar a un presidente elegido democráticamente, como en los tiempos en que la bota y el oprobio imponían su ley en la América toda.

En Perú siguen matando campesinos, el congreso se viste de verguenza y perdona a los ministros culpables de tanta muerte en Bagua.

Y se licitan, para explotación de hidrocarburos, nuevas y grandes extensiones de selva amazónica, mientras Alan García hace vedadas amenazas a los que nos oponemos a tanta cleptocracia, jugando en pared con el otrora respetado Mario Vargas Llosa.

Pero el mundo no es el mismo que toleraba etnocidios un siglo atrás, ni golpes de estado con tácticas aprendidas en la Escuela de las Américas.

Los prolongadores de tanta injusticia acumulada en Honduras recularán, mas temprano que tarde, y Alan García no seguirá rematando el futuro con un disparo en la sien.

Para esos asesinos de la ilusión, siempre renacerá de sus cenizas una canción de paz, que les dolerá en lo mas profundo de sus miserias, en el centro de sus egoísmos.


El Martillo - Víctor Jara & Quilapayún

28.6.09

Y tenía un rostro ajeno al que yo amaba


Desperté la mañana en que no pudo ser

no sin antes jurar que si no era contigo, jamás,
que esta herida me habría de matar,
y heme aquí, ¡qué destino!,
que ni el nombre tuyo pude recordar.

Pablo Milanés - Hoy la vi


Lima no es Londres, pero su neblina cala hondo,mientras la garúa ácida cae desde su cielo gris, hiriendo la piel cetrina de sus habitantes.

En una calle cualquiera, sin paradero, se detiene una vetusta lata de sardinas rodante, buscando algún pasajero retrasado, un simple boleto más, sin nombre.

En la acera de enfrente, observa un hombre - la misma rutina de siete del día - pensaba. Hasta que se percató que ella, la mujer de sus olvidos, miraba desde una ventana, perdida.

-¿En realidad era ella?- se preguntaba, mientras observaba en ese rostro las mismas cejas depiladas artesanalmente, el mismo cabello ensortijado, tantas veces enredado en sus dedos, el rostro pálido y huesudo, la boca carnosa, breve.

Habia transcurrido un lustro desde ese adios. Desde entonces, el recorrió millones de veces esas calles, donde antaño se besaban a escondidas, con la secreta esperanza de encontrarla.

-Es ella- pensó, mientras recordaba el día en que juntos se apagaron una colilla de cigarrillo en las manos, como señal de un estéril pacto incondicional que pronto olvidaron.

Aquella muchacha fue su breve refugio en tiempos de cólera, su bálsamo contra el pesimismo cuando todo parecía perdido. Mas, sus ojos no tenían ese brillo ahora: una profunda tristeza invadía el café de sus ojos. Sin pensarlo, el subió a ese destartalado bus, con el corazón retenido en la garganta.

Al subir observó a su otrora amada, con un bebé en brazos, acompañada de un viajante indiferente que apenas la miraba, mientras leía un pasquín de 50 céntimos.

-Se parece mucho... pero no es ella - pensó el sin suerte, mientras indicaba al cobrador del añoso bus que se había equivocado, que tenía que bajar en la siguiente esquina.




25.6.09

Libera tu esperanza



Sol de Alto Perú,
rostro Bolivia, estaño y soledad,
un verde Brasil,
besa mi Chile cobre y mineral.

Subo desde el sur
hacia la entraña América y total,
pura raíz de un grito
destinado a crecer y estallar.

Todas las voces, todas,
todas las manos, todas,
toda la sangre puede
ser canción en el viento.

Canta conmigo, canta,
hermano americano.
Libera tu esperanza
con un grito en la voz.

Isella/Tejada - Canción con todos




Cuando Manuin sintió un ardor recorrer su cuerpo, cual ráfaga de metralla, el pueblo Awajun temió lo peor: el cielo se oscureció hasta que las tinieblas mortales lo tomaron todo.

Pero entonces, aquél pueblo que habita en el corazón del mundo, se dio cuenta que no estaba solo, el mundo se dio cuenta que no estaba solo: voces de solidaridad en individuos de a pie aparecían en cada rincón, incontenibles, hasta hacerse un solo clamor de justicia.

Es que el poeta tenía razón: el rumor de un pueblo que despierta es más bello que el rocío.

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