19.11.09

Por un fuego que no des a tiempo puede no salir el sol


Qué salto a las estrellas será tarde
de una esperanza raquítica y cobarde.

Qué mundo submarino no será nuestro
porque un vigor no vino.

Qué misterio vital del universo

quedará oscuro, esperando su verso.

En fin: qué maravilla
la indiferencia pondrá de pesadilla.
¿Qué dejarás, qué dejaré,
qué dejaremos hoy de hacer?
Pudiera ser que de un tal vez
nunca volviera a amanecer.
Hoy la pregunta.
Luego el viento
la hace un gesto,
la hace un rol.

Por un fuego que no des a tiempo

puede no salir el sol.
Silvio Rodríguez - Canción contra la indecisión

Aún tengo en la retina ese concierto de Inti Illimani en Arica, frente al glorioso Morro. Recuerdo ver banderas flamear junto a parejas con ojos llorosos, celebrando el día feliz que al fin llegó.

Algunas de estas cosas hicieron que destierre el odio hacía Chile, adquirido de niño: la trovas de Víctor Jara y Violeta Parra, el legado de Allende, los poemas de Neruda a Macchu Picchu, los mártires peruanos, chilenos y Bolivianos de Santa María de Iquique, la inmolación de Miguel Enríquez.

Enríquez, líder del MIR a despecho de sus treinta, no tuvo miedo a la muerte que acechaba, en los días posteriores al infausto septiembre del 73, cuando un fascista llamado Pinochet acabó a sangre y fuego un sueño ganado en las urnas, como dicta el viejo manual made in escuela de las Américas.

Mucha agua ha corrido bajo el puente del Bío Bío: hoy Chile vive casi dos décadas de democracia, sus índices económicos son alentadores. Pero ahora se encuentra en una encrucijada: elegir entre un ex-presidente que quiere repetir el plato, un multimillonario que ahora quiere ostentar el poder político sin caretas, un viejo comunista sabio, y un joven de treinta y seis años llamado Marco Enríquez-Ominami.

El mensaje de Marco ha calado hondo en el país sureño: lenguaje moderno, ideas claras, visión integradora ha sido común en los discursos de Enríquez-Ominami, haciendo tambalear al status quo Concertación-Derecha, que incluso veía factible la posibilidad que un heredero de Pinochet durmiera en La Moneda, bajo un colchón de miles de millones de plusvalía.

Marco es hijo de aquél legendario Miguel, tenía apenas unos meses cuando su padre cayó en combate ante las huestes fascistas. Tomando ese legado, decide cantar contra la indecisión , mirando hacía el futuro, dando ese fuego de la juventud a tiempo.

Desde el norte lo miro con atención y admiración, espero que gane: el representa a esa futura Latinoamérica unida, donde fronteras, espías, armamentismo sean reemplazados rotundamente por la UNIDAD; que migrantes, ilegales, extranjeros den paso a la palabra HERMANO.

Ver también
Spots de Marco en Youtube



14.11.09

Una vez descubierta esa verdad sencilla



Un hombre se levanta
y sale a la ventana,
y lo que ve decide
la próxima mañana.
Un hombre simplemente
sale a mirar el día
y se deja quemar
con ese resplandor,
y decide salir
a perseguir el sol.

Silvio Rodríguez - Un hombre se levanta


Pepe Mujica tiene más de setenta años, pertenece a esa casta de hombres que luchan toda la vida, en cualquier trinchera que depare el destino y los ideales.

En su juventud tomó el fusil ante la opresión, fue preso por la dictadura, sufrió torturas y pasó 12 años en listas de sentenciados a muerte. Lllegada la democracia trabajó para que la izquierda fuera una propuesta política fuerte en un Uruguay de siglo y medio de gobiernos conservadores.

Ahora, el Pepe tiene un nuevo reto: ganar las elecciones y llevar a su patria a una etapa de progreso, justicia social y trabajo. Su hoja de vida y modo austero de ser lo avalan.

Miro las entrevistas a Mujica, observo su sabiduría, franqueza, don de persona; lo comparo con el presidente mío, Alan García: tan ruin, tan corrupto, tan obsceno, que me lleno de verguenza.

Ver También:
Entrevista a Pepe Mujica






9.11.09

Se admiten proscritos, rabiosos

Hoy me propongo fundar
un partido de sueños,
talleres donde reparar
alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos,
gordos sin amor,
tullidos, enanos,
vampiros y días sin sol.

Silvio Rodríguez - Ala de colibrí



Como detectives salvajes, los rabiosos poetas se reencuentran para ahogar versos olvidados en agua ardiente. Ahora peinan canas, visitados por la locura: otros ya no escriben poemas desde este mundo sombrío.

Ella mira feliz la foto añeja del viejo poeta, vecino suyo: en alguna parte del siglo pasado ese ilustrado caballero de piel morena, aliento macerado en alcohol y manos de príncipe fue joven, mucho antes de convertirse en el nuevo testamento de la poesía peruana.

El se emociona al reconocer en blanco y negro al viejo maestro en el oficio de periodista. Pese a los años, puede reconocerlo por sus sellos indelebles, de fábrica: la mirada sincera y el gesto desenfadado, conchudo.


Tus ojos son machetes
que arrasan a la pobredumbre que odias.
Tus pasos patean lo que se opone a tu rumbo.
Enrique Verástegui.


Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Jorge Pimentel


Tú querías matarme con astros bizcos,
tú columpiabas mi mente expelida por un golpe:
a ti te conozco terror, te conozco.
Juan Ramírez Ruiz
(+)

El cetáceo cruza los dedos y se teje sol adentro
Su esperma es el elogio, fruto del océano y candelabro.
Cómo se muere en dignidad sin dejar de morir tanto
Si debajo de sí, cada cielo sala la tersura del peje.
Eloy Jaúregui


En las profundidades de su silencio
acaso ese cuerpo revelaba
la certeza de otra pasión.
Más allá, más allá del tiempo
y sus sueños habitaría el dolor verdadero.

Tulio Mora


Hace casi cuatro décadas, esos poetas irreverentes e irrepetibles fundaron un partido de sueños: lo llamaron Hora Zero.



Ver También
Hora zero
Ultimo libro de Hora Zero




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